EL SENTIDO DE VERDAD
Emprender el camino de la escritura, implica la necesidad o al menos la intención de contar una historia, bien puede ser una anécdota simple en relación a un hecho que hemos vivido, observado o nos inspira la narración de un tercero. Es común el "inventar" una situación determinada para comunicar algo que nosotros creemos es importante para nuestro posible lector y que nos permitira establecer contacto con él.
Para atrapar a nuestro lector o espectador, bien en una sala de cine o de teatro, o ante un televisor es necesario que el perciba que existe un mínimo de verosimilitud en lo que trasmitimos. Esto bien puede parecer redundante y darse por sobre entendido. Por ejemplo, deseamos escribir a cerca de "... Tomas, quién se levanto por la mañana con la intensión de, en esta ocación, dedicarse durante el día a buscar trabajo..." Cada escritor, guionista o dramaturgo, lo contara de diferente manera y dara un punto de vista distinto.
Sin importar el enfoque que se le de, si lo narrado no posee una secuencia de acciones y palabras congruentes con el personaje "Tomas", no habrá un sentido de verdad. La consecuencia de sus actos se relacionan con el modo de sentir y pensar del personaje descrito. Lo que le sucedad durante el transcurso del día, deberá ser consecuencia directa de cada acción que realiza o deja de emprender.
Si por el contrario, todo le sucede a "Tomas" sin que el intervenga de forma activa, como si el destino se confabulara en su contra; de seguro el lector a la tercera línea abortara la lectura, nuestro espectador dejará de prestar atención al desarrollo de la trama y al final, terminaran por ignorarlo. No importa el formato narrativo, ni si la narración es lineal, a saltos, inversa o deconstruida y modular, pues no existen elementos que permitan la identificación comparativa o de observación con suscesos cotidianos o referentes de vida que poseemos.

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